domingo, 3 de junio de 2012

PRESENTACIÓN DE LIBRO: SARMIENTO MENTIROSA SU HISTORIA






Viernes 8 de junio 19 hs.

Presentación del libro “Sarmiento mentirosa su historia” del Prof. Miguel Ángel Lentino. Presenta el Dr. Alberto Gelly Cantilo.

jueves, 24 de mayo de 2012

HOMENAJE AL DR. MANUEL BELGRANO







Miércoles 13 de junio     18 hs.


Panel integrado por los Dres.  Sergio Rodolfo Nuñez y Ruíz Díaz, Sandro Olaza Pallero, Facundo Alberto Biagosch y Jorge Francisco Cholvis.


Moderadora: Dra. María Luz Amadora Rodríguez






Lugar: Sala "Dr. Humberto A. Podetti’ / Corrientes 1455, piso 2° 

jueves, 17 de mayo de 2012

CONSTITUCIÓN DE 1949. LOS FUSILAMIENTOS DE 1956











Sábado 9 de junio     11 hs.


Conferencia: "Constitución de 1949. Los fusilamientos de 1956" por el Dr. Alberto González Arzac


Presenta el Dr. Alberto Gelly Cantilo


Museo Regional Juan Manuel de Rosas (Diego Pombo 3324-San Andrés)

martes, 15 de mayo de 2012

CABEZA DE TIGRE



Viernes 18 de mayo             19 hs.

Jornada de Cine-Debate alusiva a la Revolución de Mayo. Proyección de la película “Cabeza de Tigre” (2001). Dirección de Claudio Etcheberry y guión de Juan Bautista Stagnaro y Claudio Etcheberry.

martes, 8 de mayo de 2012

ACTIVIDADES MESES DE MAYO, JUNIO Y JULIO




Jueves 17 de mayo 19 hs.

La guerra patria de 1812. Rusia vs. Napoleón” por el Dr. Vladimir Kasakov.



Viernes 18 de mayo 19 hs.

Jornada de Cine-Debate alusiva a la Revolución de Mayo. Proyección de la película “Cabeza de Tigre” (2001). Dirección de Claudio Etcheberry y guión de Juan Bautista Stagnaro y Claudio Etcheberry.


Viernes 8 de junio 19 hs.

Presentación del libro “Sarmiento mentirosa su historia” del Prof. Miguel Ángel Lentino. Presenta el Dr. Alberto Gelly Cantilo.

Viernes 15 de junio 19 hs.

Jornada de Cine-Debate alusiva a Manuel Belgrano. Proyección de la película “Bajo el Signo de la Patria” (1971). Dirección de René Mugica y guión de Isaac Aisember.


Viernes 22 de junio 19 hs.

Presentación del libro “Sobre una vieja memoria heroica” en el 123º aniversario del fallecimiento del coronel Eugenio del Busto del Prof. Osvaldo Guglielmino. Presenta el Prof. Miguel Ángel Lentino.


Viernes 29 de junio 19 hs.

“Vida y obra de Miguel Ángel Scenna” por el Sr. Miguel Scenna.

Viernes 20 de julio 19 hs.

“Saúl Taborda: Pensamiento y acción” por el Dr. Sandro Olaza Pallero.

domingo, 29 de abril de 2012

PRESENTACIÓN DE LIBRO




Presentación del libro "El fracaso de Cisneros y la Revolución de Mayo" del Dr. Gerardo Martí.
Presenta Dr. Oscar J. Denovi.

Jueves 10 de mayo   19 hs.

Montevideo 641

martes, 24 de abril de 2012

CANTATA DEL BICENTENARIO


Con nutrida concurrencia de público se llevó a cabo la  presentación en la Biblioteca Nacional de la“Cantata del Bicentenario” el día miércoles 25 de abril de 2012 a las 18, 30 hs. Esta obra original, MUSICAL FOLKLÓRICA, de los autores Alberto González Arzac (Letra) y Susana Morelo (Música) fue representada en el Auditorio “Jorge Luis Borges”.


Alberto González Arzac lee la Cantata del Bicentenario.


Amplia concurrencia del público en el evento.


Cantata del Bicentenario.

lunes, 23 de abril de 2012

38º FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES MESA REDONDA "EL PENSAMIENTO NACIONAL"

  
Juan Carlos Licastro, Norberto Galasso y Francisco J. Pestanha.
Francisco J. Pestanha.



                 38º FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES
MESA REDONDA "EL PENSAMIENTO NACIONAL"
El pasado Jueves 26 de abril a las 20.30 hs. se realizó la mesa redonda "El Pensamiento Nacional" en la 38° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con la participación de Norberto Galasso, Francisco J. Pestanha, Alberto González Arzac y como moderador Juan Carlos Licastro. El evento que contó con público de todas las edades se efectuó en la Sala Javier Villafañe.


Norberto Galasso es recibido por Alberto González Arzac.

domingo, 15 de abril de 2012

ALBERTO MERLO

Alberto Merlo.


A los 81 años falleció en Mar del Plata el 10 de abril de 2012 don Alberto Merlo, uno de los más destacados cantantes sureros. Autor de temas que quedaron en la memoria del pueblo como el triunfo "La Vuelta de Obligado", "Cuando la tarde agoniza", "Rincón de López", etc. Simpatizante del Restaurador de las Leyes, había nacido en Colonia Bossi (Santa Fe) el 2 de febrero de 1931.

"Los hermanos sean unidos
porque esa es la ley primera
tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea
porque si entre ellos pelean
los devoran los de afuera"

Noventa buques mercantes
veinte de guerra, veinte de guerra

Vienen pechando arriba
las aguas nuestras, las aguas nuestras

Veinte de guerra vienen
con sus banderas, con sus banderas

La pucha con los ingleses
quién los pudiera, quién los pudiera

¡Que lo tiro a los gringos
una gran siete
navegar tantos mares
venirse al cuete, 
que digo venirse al cuete¡

A ver che Pascual Echagüe
gobernadores, gobernadores

Que no pasen los franceses
Paraná al norte, Paraná al norte

Angostura del quebracho
de aquí no pasan, de aquí no pasan

Pascual Echagüe los mide
Mansilla los mata, Mansilla los mata

¡Que lo tiro a los gringos
una gran siete
navegar tantos mares
venirse al cuete,
que digo venirse al cuete¡

lunes, 19 de marzo de 2012

INAUGURACION DE LA LIBRERIA DE EDICIONES FABRO

Fabián D´Antonio, Pablo J. Hernández, Mario "Pacho" O´Donnell y Alberto González Arzac.
Daila Cabrera, Alberto Gelly Cantilo y Porfirio Calderón en la Biblioteca Adolfo Saldías.
Pablo J. Hernández.
Julio Fernández Baraibar, Pablo J. Hernández, Fabián D´Antonio y Alberto González Arzac.

Fernando Hrycak, Pablo Vázquez, Fabián D´Antonio y público asistente.



Pablo J. Hernández y Pablo Vázquez.

El lunes 19 de marzo de 2012 a las 19 hs. se inauguró la librería de Editorial Fabro en la planta baja del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas. Hablaron Alberto González Arzac, Mario "Pacho" O´Donnell, Julio Fernández Baraibar, Fabián D´Antonio y Pablo J. Hernández. Además se presentó el primer número de la revista Terquedad. Revisionismo Nacional y Popular y el cantautor Mario Cabrera quien amenizó la reunión con canciones folclóricas. Asistieron a este evento: Edgardo Nievas, Enrique Manson, Porfirio Calderón, Oscar J. Denovi, José Luis Muñoz Azpiri (h), César González Trejo, Facundo Biagosh, Carlos Ponce, Mario Fraire, Alberto Gelly Cantilo, Federico Addisi, Pablo Vázquez, Miguel Ángel Lentino, Ezequiel Guerrero, Filomena Tommasini, Fernando Hrycak y Daila Prado.

Mario Cabrera.

miércoles, 29 de febrero de 2012

RESPUESTA DEL INSTITUTO NACIONAL JUAN MANUEL DE ROSAS AL MANIFIESTO DE UNOS AUTOTITULADOS "INTELECTUALES"



Ante el reciente manifiesto de un grupo de autotitulados "intelectuales" referente a la autodeterminación de los ilegítimos ocupantes del archipiélago irredento, este Instituto Nacional de Investigaciones Históricas no puede dejar de manifestar su estupor por el súbito interés de la opinión de 3.000 isleños teniendo en cuenta que muchos de los firmantes manifestaron durante décadas un olímpico desden por las expresiones de las mayoría nacionales. Por fin, dan cuenta explícitamente, de su dependencia respecto de intereses extranjeros.
Al defender la autodeterminación de los "kelpers" (así los denominan) coinciden con la tesis británica que ha hecho lo imposible por tratar de imponerla. No emitimos juicios sobre la trayectoria de estas personas sino sobre su posición. La defensa de la autodeterminación significa desconocer una clausula de la Constitución Nacional y la renuncia a nuestras Malvinas, dado que la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1960 establece la INTEGRIDAD del territorio como principio.
La confesión de estas personas, mal disimulada en un difuso humanismo y supuesto principismo jurídico, precisa su condición de cipayos colonialistas que no merecen el honor de ser argentinos.

Varios de ellos ocupan cátedras y funciones en entidades nacionales, donde debieran iniciarle sumarios por traicionar los sentimientos del pueblo argentino, adhiriendo a las políticas del Imperio Británico. 


Alberto Gelly Cantilo                                          Alberto González Arzac
 Vice-Presidente 1º                                                    Presidente

sábado, 25 de febrero de 2012

RESPUESTA AL DOCUMENTO "MALVINAS, UNA VISIÓN ALTERNATIVA"


Por Federico Gastón Addisi


Primeramente queremos manifestar nuestro estupor por la oportunidad y el tenor del planteo que hacen estos intelectuales (Jorge Lanata, Juan José Sebreli, Emilio de Ípola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sabato, Daniel Sabsay y Beatriz Sarlo), miembros de la intelligentsia vernácula.
En el documento dado a conocer ayer (23/2); precisamente a poco de conmemorarse los 30 años de la recuperación de las Islas Malvinas por nuestro país, este grupo de compatriotas no dudan en calificar de “aventura militar” a la Gesta de Malvinas. A nuestro entender, esta categorización es faltarle el respeto a todos quienes  murieron en la contienda, y sobre todo, olvidar que la Guerra del Atlántico Sur  no es otra cosa que la continuación de la guerra inconclusa con Gran Bretaña que comenzó en 1806-1807, tuvo su continuación con la usurpación de Malvinas en 1833 y en 1845 en la Guerra del Paraná donde tuvo lugar la Batalla de la Vuelta de Obligado. En 1982, Argentina hizo uso de la fuerza en defensa de sus derechos y de sus ciudadanos agredidos en las Georgias.
Ninguna revisión puede excluir del análisis estos datos incontrastables de la realidad histórico-política de la Argentina sin caer en una simplificación que roza la ignorancia, o peor aún, la connivencia con  nuestro enemigo histórico que no es otro que el Reino Unido de Gran Bretaña. Lo expuesto justifica el uso de la fuerza por parte de la Argentina el 2 de abril de 1982. Por otra parte los hechos indican que  no se ocasionó víctimas fatales ni a los isleños ni tampoco a los ingleses. Pero sí a los argentinos. Paradojas “del uso de la fuerza”.
Otra vez caemos en los burdos argumentos perimidos de la desmalvinización al calificar “como víctimas directas a los conscriptos combatientes”, versión cercana a la humillante y precursora visión de “los chicos de la guerra”. Quienes combatieron en Malvinas no fueron chicos, ni sólo conscriptos, ni pobres víctimas. Fueron hombres, soldados conscriptos, oficiales y suboficiales de  carrera que fueron a defender el suelo patrio.
Creer que la cuestión Malvinas tiene “escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan”, es desconocer principios esenciales de geopolítica y economía,  entre otras materias. ¿Se desconoce la implicancia de la posesión de Malvinas en manos británicas sobre la proyección antártica? ¿Se ignora que la Antártida es reserva natural de agua, minerales y otros recursos que Inglaterra puede reclamar como propios? ¿No se tiene dimensión de las pérdidas y la depredación que sufre Argentina en su mar territorial por las concesiones pesqueras que hace el Reino Unido en Malvinas? ¿No se tiene idea que las adyacencias de Malvinas están siendo exploradas por sus reservas de hidrocarburos? Finalmente: ¿No se han percatado del paso estratégico bioceánico que dominan las Islas? ¿No es una amenaza para la seguridad continental Argentina la base militar de Inglaterra emplazada en Malvinas?
En lo que parece ser el nudo gordiano de “estos visionarios”, llegamos al núcleo de su pensamiento: la idea de autodeterminación. Y es justamente aquí donde cometen la mayor parte de anacronismos, errores históricos y jurídicos. Lamentamos que un compilado repleto de errores elementales, que bien podría refutar un estudiante de abogacía de primer año, reciba un tratamiento que le mereció la publicación en los principales matutinos del país.
Sostienen que “La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas”. Si bien este disparate no merecería contestación (y menos mal que se encuentra entre los firmantes del documento el Sr. Romero, benemérito erudito en materia historiográfica) no resistimos la tentación de refutar.
No existe la autodeterminación de los kelpers, porque la misma rige para aquellos pueblos nativos que son ocupados o dominados por una potencia extranjera. Y primeramente -anoticiamos a “nuestros” intelectuales-: los kelpers son ciudadanos británicos desde 1983, año en el que Margaret Tatcher les otorgó plena ciudadanía. Por eso debe negociarse con Inglaterra porque la población de las islas no son un estado, al contrario, son parte del Reino Unido. Pero más aún. Si los kelpers no fueran británicos y pretendieran ser reconocidos como pueblo, esta pretensión sería imposible por representar ellos una población implantada por la fuerza en 1833, por una potencia colonial, en detrimento de la soberanía argentina y su población que habitaba legalmente las islas. Por último, equiparar la situación de Argentina (en aquellos tiempos Virreinato del Río de la Plata) cuando provincia –no colonia- española, con la  de los kelpers es grotesco. Nos explicaremos. El concepto de “autodeterminación de los pueblos” aparece en el Derecho Internacional a partir de la creación de las Naciones Unidas (ONU) el 26 de junio de 1945. Por eso constituye un disparate jurídico y un anacronismo histórico decir que Argentina fue fundada sobre este principio. El proceso político que dio origen a nuestro país fue el siguiente. Habiendo caducado el Gobierno Soberano de España al ser tomado Fernando VII prisionero de Napoleón, habiéndose disuelto la Junta de Sevilla y sin haber sido designado un Regente, el poder quedaba vacante y se revertía sobre el pueblo de Buenos Aires que podía en estas especiales condiciones darse un gobierno. Se trataba de la conocida “doctrina suareciana de reversión del poder”. Dicho proceso, que llamaremos con precisión, de emancipación, tuvo lugar durante la semana de mayo, consagrándose el día 25. A esa emancipación hubo que trabajarla para que recién 6 años después, en 1816, se diera un paso más en la formación política de nuestra Patria, con la declaración de independencia. Nada de esto tiene que ver con la autodeterminación.
Para terminar, auguramos -a 30 años de la  conmemoración de  la Gesta de Malvinas- que lejos de abandonar “la agitación de la causa”, redoblemos nuestro corazón malvinero que nos nutre de conciencia nacional al recordar a nuestros héroes, y nos señala claramente que Argentina jamás podrá realizarse como Nación mientras una potencia Imperial usurpe parte de su territorio.

       --------------------------------------------------------------------------------------

MALVINAS: UNA VISIÓN ALTERNATIVA*


Gunga Din.

John Bull.

 A tres décadas de la trágica aventura militar de 1982 carecemos aún de una crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina. Entre los motivos de aquel respaldo no fue menor la adhesión a la causa-Malvinas, que proclama que las islas son un “territorio irredento”, hace de su “recuperación” una cuestión de identidad y la coloca al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país.
Un análisis mínimamente objetivo demuestra la brecha que existe entre la enormidad de estos actos y la importancia real de la cuestión-Malvinas, así como su escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan. Sin embargo, un clima de agitación nacionalista impulsado otra vez por ambos gobiernos parece afectar a gran parte de nuestros dirigentes, oficialistas y de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de “política de Estado”. Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país.
Una revisión crítica de la guerra de Malvinas debe incluir tanto el examen del vínculo entre nuestra sociedad y sus víctimas directas, los conscriptos combatientes, como la admisión de lo injustificable del uso de la fuerza en 1982 y la comprensión de que esa decisión y la derrota que la siguió tienen inevitables consecuencias de largo plazo. Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional. En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean. La afirmación obsesiva del principio “Las Malvinas son argentinas” y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños.
La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas. La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz.
Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional, no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros. La sangre de los caídos en Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables.
Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica. Los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni por la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación. Ojalá que el 2 de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declamaciones parioteras sino que sirvan para que los argentinos –gobernantes, dirigentes y ciudadanos– reflexionemos juntos y sin prejuicios sobre la relación entre nuestros propios errores y los fracasos de nuestro país.

Cipayo (1858).


* Firman Emilio de Ipola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Daniel Sabsay, Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli.
 

jueves, 23 de febrero de 2012

EL REVISIONISMO HISTÓRICO

Batalla de la Vuelta de Obligado.

Manuel Dorrego.

                                   
                  Por Oscar J. Denovi*


En el último trimestre del año anterior, a raíz del aniversario del libramiento de la batalla de la Vuelta de Obligado, del feriado dispuesto por el PE para conmemorar el Día de la Soberanía, de la anunciada creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego y otros hechos y dichos referidos a la corriente histórica que ha revisado el pasado argentino, mucha tela se ha cortado sobre el tema. Y desde entonces hasta los primeros días de enero del corriente año, se ha empleado aun más la tijera, atacando diversos ángulos de esta corriente historiográfica, existente desde la segunda década del siglo XX.

     Un fiel seguidor de Bartolomé Mitre, Adolfo Saldías, también de ideas liberales como su maestro, basándose en la documentación que Rosas había llevado consigo en 1852, cuando fue derrocado, y que le facilitara Manuelita Rosas de Terrero, escribió una obra denominada Papeles de Rosas . Este sería el primero de una serie de trabajos documentados sobre la Confederación y sobre el Restaurador, hecho literario que se ajustaba al consejo de Mitre, quien sostenía que la historia debía ser escrita "con documentos".

     Pese a haber seguido dicho consejo, Saldías recibió de Mitre una sorprendente crítica respecto de la obra realizada: Le manifiesta, después de leerla, que prefería conservar sus "nobles odios". Ocurría que, a la luz de la documentación, el "Tirano" no lo parecía tanto. Los escritos de Saldías fueron las bases de la corriente historiográfica, inaugurada años más tarde, del Revisionismo, también llamada, en sus primeros años, Nueva Escuela Histórica.

     El nuevo aporte que trajo Saldías y que alimentó la obra historiográfica de Vicente y Ernesto Quesada, padre e hijo, respectivamente, está en la base de la Nueva Escuela, y vino, sin proponérselo, a desarticular el ocultamiento que, sobre la época de la Confederación de Rosas, había existido hasta fines del siglo XIX.

     Un episodio ocurrido en esos años ilustra acerca del mentado ocultamiento al que nos referimos. El 3 de marzo de 1897, llegó al puerto de La Plata el vapor inglés "Danube", trayendo el sable corvo del general San Martín que Manuela Ortiz de Rozas de Terrero remitía, desde Inglaterra, para ser depositado en el Museo Histórico Nacional, según un pedido que el doctor Adolfo Carranza, director del mencionado Museo, le había dirigido oportunamente. La señora Ortiz de Rozas de Terrero, la mítica "Manuelita", con el patriotismo que había heredado de su familia, accedió, y envió a Buenos Aires la reliquia, encomendando a un sobrino, Juan Manuel Ortiz de Rozas, representar a la familia en el acto de entrega, que se haría en manos del presidente Dr. José Evaristo Uriburu. Se había previsto que la reliquia se trasladase desde el puerto de La Plata al puerto de Buenos Aires (puerto Madero) a bordo de la corbeta "La Argentina". Así se hizo, no sin otros avatares que, con el acto de entrega y, antes, con la recepción en la ciudad platense, se suscitaron, pero que ameritan ser abordados con un relato más pormenorizado, que no es dable encarar en este artículo.

     El sable de San Martín estaba en poder de Máximo Terrero, esposo de Manuelita, porque Rosas había dispuesto que, a su muerte, este debía ser el depositario de la reliquia (por esa época, la mujer no tenía autonomía legal para poseer bienes) y, a su vez, el Libertador había dispuesto, en enero de 1844, en la cláusula tercera de su testamento, legar el sable al Restaurador. La caja que lo transportaba desde Inglaterra tenía una pequeña placa de bronce, que llevaba como inscripción la disposición testamentaria de San Martín. Dicha placa "se perdió", curiosamente, en algún momento anterior al depósito del sable en el Regimiento de Granaderos a Caballo.

     En un tocante acto celebrado el 4 de marzo de 1998, en dicho regimiento, con la presencia de autoridades militares y del Instituto Nacional Sanmartiniano y del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, se colocó una réplica de dicha pequeña placa, cuyo "extravío" vino a ser funcional con uno de los ocultamientos de la historia respecto de San Martín y Rosas: la cláusula testamentaria en la que aquel legaba su sable al caudillo de Buenos Aires. 

     El Revisionismo vino a remediar estas "distracciones" de los historiadores del largo período iniciado en 1829 (cuando Rosas asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el encargo de las Relaciones Exteriores) y que se extiende, para los recalcitrantes seguidores de la tesis mitrista de los "nobles odios", hasta nuestros días.

     Como si nada hubiera ocurrido, el relato oficial de la historia continuaba imperturbable hacia el centenario de la muerte del jefe del Ejército de los Andes. Pero, casi un lustro después, un acontecimiento trascendente concurrió en auxilio del Revisionismo. La llamada Revolución Libertadora (en realidad, un golpe de Estado sólo equiparable al derrocamiento del coronel Manuel Dorrego, por la crueldad intrínseca que animaba a sus inspiradores) propagó la especie de que el derrocamiento del gobierno del general Perón había sido el de la "segunda tiranía".

     Las torpezas históricas se emparentaban y daban lugar a fenómenos semejantes: En 1828, se afianzaba el federalismo de Dorrego y las clases marginales de Buenos Aires; en 1955, hacía lo propio el peronismo, sólo contenido por la proscripción que "prohibía" su accionar político y hasta su nombre. Ambos momentos históricos inauguraron una tragedia de varios años de lucha en la Argentina. Pero, en lo que concierne a la historia, la "segunda tiranía" acicateaba el estudio popular de la historia de aquel régimen federal que encabezó Juan Manuel de Rosas, así como de la figura de este.

     Para quebrar el tedio que provocan las exposiciones demasiado largas, cuando se trata de temas más o menos conocidos, como el presente: ¿Qué papel cumple el Revisionismo, hoy? Un hecho reciente nos puede dar una idea de la respuesta. En noviembre del año 2010, se inauguró el monumento que, en la Vuelta de Obligado, conmemora la batalla librada contra la flota anglofrancesa, el 20 de noviembre de 1845. La proximidad de dicha inauguración trajo aparejado que entre 130 y 150 cartas que se encontraban en el Museo de San Nicolás, y que versaban sobre acontecimientos anteriores, posteriores o durante las acciones del enfrentamiento, se dieran a conocer. Esos documentos estaban "guardados" porque el director del Museo era partidario de los enemigos de Rosas. Un verdadero dislate en la apreciación de lo que es la historia, y, además, de lo que es la Patria.

Adolfo Saldías.





* La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 25 de enero de 2012.

martes, 21 de febrero de 2012

SENTIDO HISTÓRICO DE LA LABOR EVANGELIZADORA

Carlos V (por Tiziano).
Vicente D. Sierra.

Bartolomé de las Casas.


Por Vicente D. Sierra*


La impotencia de los penates de la historiografía americana para comprender la esencia misma de la conquista espiritual del continente, es el resultado de considerar a la religión como un hecho separado de la vida. Para aquellos escritores, la labor misionera pudo ser considerada como un hecho desprendible de la realidad integral de la conquista, y ésta pudo ser exactamente lo que fue, y la colonización no otra cosa que lo que alcanzó a ser, con evangelizadores, o sin ellos. A lo sumo, para alguno más “progresista”, lo misional no fue sino expresión del secular “atraso de España”, cuando no un medio de sojuzgamiento de imaginarios propósitos libertadores. No cayeron en tal punto de vista por aceptar que las superestructuras sociales, éticas e intelectuales son reflejo de los movimientos de la estructura económica, especie de supremo hacedor sin alma, ni sentidos ni conciencia.       

¡No! para desprestigiar y poner en evidencia lo sagrado y lo tradicional en la historia no hubieron de caer en las redes de la dialéctica marxista pues, hijos del pensamiento francés de los siglos anteriores, les bastó con actuar como apóstoles de una supuesta ley del progreso, en virtud de cuya presencia todo el proceso histórico consistiría en destruir lo que existe para colocar en su lugar algo nuevo.    

“El progreso, desde el punto de vista positivo, ha dicho Berdiaeff, consiste en que, a través del hombre, una generación cede su sitio a otra, elevando la Humanidad hasta unas alturas extrañas que yo en vano trato de concebir; la Humanidad avanza, avanza siempre, hacia un estado superior con respecto al cual todas las generaciones presentes son siempre eslabones sin ninguna finalidad propia. El progreso transforma a cada generación humana, a cada individuo y cada época histórica en un medio, en un instrumento para alcanzar un fin que consiste en la perfección y la bienaventuranza del hombre futuro, en la que ninguno de nosotros tendrá participación alguna”.
 
Fue ese progresismo el que trató de eliminar de la historia americana todos los elementos tradicionales, sin los cuales “lo histórico” deja de existir, pues el “progreso” —no sabemos por qué curiosas secreciones mentales— es enemigo de Dios, o Dios enemigo del progreso; y el hacer historia se transformó en informar, periodísticamente, de lo que había sucedido antes de nosotros, mediante una selección crítica cuyos mayores éxitos se lograban cada vez que se podía exhibir algún acto contrario a la religión, y, por consiguiente, destinado a acelerar el proceso progresista de esto pueblos.
 
La concepción cristiana, que vive de la esperanza de una felicidad común a todas las generaciones, puesto que todos pueden ser salvados, es diametralmente opuesta al progresismo. Todavía se pueden leer las obras de aquel Padre Vitoria, defensor ejemplar de América, en las que se lo advierte afanado en buscar la conciliación entre la predestinación divina y los méritos del hombre, porque no creía que sus semejantes hubieran sido concebidos para el mal, y convencido de que la salvación —próxima o remota—, había de llegar a todos, sobre todos volcó la dulzura de la esperanza con su doctrina de la gracia. Y es, justamente, el sello característico de la conquista de América el que sus misioneros trajeran esa doctrina. Si los españoles de la conquista hubieran creído que las generaciones sólo son medios instrumentales para realizar, en un futuro incierto, incomprensible e inimaginable, la felicidad de unos hombres que no podemos determinar, no habría sido por cierto lo que fue; no habría habido problemas de conciencia en el ánimo de sus reyes. Sólo porque creían en que la salvación está al alcance de todos, es porque dieron un sentido misional a la tarea que la Providencia puso en sus manos.   
 
Si hacer historia de América no tiende a conocer las realidades espirituales de los hombres de América, es que se trata de una labor inútil y sin objeto. Conocer la forma de la nariz de Cleopatra podrá ser un elemento de curiosidad, nunca de juicio. Si el hombre es inseparable de la historia, es porque la historia se mueve alrededor de hechos concretos desarrollados dentro de los marcos de la tradición. Lo que a la tradición escapa deja de ser histórico.           
 
El misionero que llega a América trae algo más que la materialidad del catecismo; algo más que las ceremonias sacramentales; trae, a un mundo estático, con un sentido inmanente de la vida, los elementos liberadores que habrán de darle conciencia histórica. Porque esa conciencia surge en los pueblos con el cristianismo, pues es con él que los hombres adquieren la posibilidad de concebir horizontes trascendentales y se libran de la sumisión a la naturaleza            circundante.
 
Cuando el cristianismo, por la Redención, libera al hombre en la resolución libre del destino humano, lo histórico aparece; porque recién el hombre es librado de la naturaleza. Por eso, la labor misional no es un episodio religioso, aislado del resto de las realidades pasadas, presentes y futuras de América, para comenzar por ser, en cuanto a las razas aborígenes del continente, un adquirir el sello del alto origen divino del hombre. Un colocarlo en el centro de la creación. Tarea que sólo es posible cuando se tiene en alta estima al espíritu humano.      
 
Esa manera de ver y de sentir está encarnada  en aquellas reales cédulas por las que los reyes de España estimaban que perder el alma era más grave que perder la conquista misma; lo está en aquella respuesta de Felipe II a los consejeros que le hablaban del mucho dinero que constaba la conquista de Filipinas, diciéndoles que lo que se debía tener en cuenta no era el interés sino los universales, es decir, los principios mismos de la fe que ordenaban salvar el alma de los semejantes en peligro de perderla.
 
El catolicismo, en su acción contra los elementos humanos puramente naturales, rebasó siempre, y ello era lógico, lo estrictamente humano. Las prácticas del culto son sólo una faz de su acción. Emprendió, además, la inmensa labor de construir una cultura con sentido universal que respondiera a su dinamismo liberador. Y es así como tiene una posición ante todos los problemas de la vida, y porque la tiene es la suya una postura de evidente sentido ético. El misionero no se conforma con bautizar a los naturales, ni con que crean en el misterio de la Eucaristía, sino que, además, los habilita para enfrentar la vida, y les da normas para vivirla; no hacen cultivar los sacramentos como una imposición, sino como un acto de libertad, determinado y controlado por la propia conciencia. Los obispos no cuidan sólo del ornamento de las iglesias o de la grandiosidad de los actos religiosos, sino que intervienen en la vida civil y crean, cada uno a su alrededor, núcleos de vida social propia.       
 
Por eso no hay un hecho económico, social, político o intelectual en la vida de la colonia, en el cual la Iglesia no se encuentre presente. Y los alcances reales de esa presencia no pueden ser valorados cuando se considera al hombre como un mero instrumento en el proceso de la formación de nuevos fundamentos sociales; no puede entenderse a través de humanismos que en el afán de superar al hombre lo niegan, o de él reniegan; no pueden comprenderse sino cuando se percibe el verdadero significado histórico del cristianismo, que no es otro que el de ser una doctrina de amor a los hombres, porque es un Dios-hombre el que muere en la cruz para redimir a sus semejantes, y en su sangre redentora la que devuelve al hombre la libertad, lo libra de las potencias naturales inferiores y le da la conciencia de su grandioso origen.
 
Cuando todo eso se percibe y se comprende, se advierte que la verdadera historia de América es la de su conquista espiritual; y cómo ella no fue un mero episodio religioso o el aspecto religioso de un hecho más importante, sino la formación misma de lo que la historia de América tiene de tradicional y, por consiguiente, de irrenunciable.
 

* El sentido misional de la Conquista de América.

domingo, 12 de febrero de 2012

LAS MUJERES DE ROSAS

Por Jorge O. Sulé

Juan Manuel de Rosas.
Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas.
Manuela Rosas (por P. Pueyrredón).


Antes de referirnos al tema en cuestión y para contribuir mejor a su entendimiento, creemos pertinente primero hacer una breve descripción de la personalidad física y psicológica de don Juan Manuel de Rosas.

Nos valdremos o apelaremos a los testimonios de sus parientes, de los extranjeros,  particularmente de los embajadores o diplomáticos que lo alternaron, los de sus amigos y de sus enemigos políticos y los testimonios de sus historiadores más enjundiosos.

Para ello es necesario parar la historia en un año; yo elegí estimativamente 1835, Rosas tiene 42 años.

Es un hombre de llamativa presencia, da la impresión de salud y vigor físico[1]. Su estatura apenas sobrepasa la media (1,76; 1,78 mts), su cabeza siempre erguida de dimensión proporcionada a su cuerpo, de cabello rubio dorado con dos ondas negligentemente alborotadas. Su frente cae como un acantilado, sus cejas rubias y despobladas, con párpados encapotados y en el fondo sus ojos celestes de mirada penetrante y dominadora.

Nariz fina y labios apretados. De espaldas anchas y abiertas y busto prominente que barruntan un desarrollo importante de sus vías respiratorias profundas, los que delatan el ejercicio hípico a la que estuvo sometida su larga vida rural. Tiene manos pulcras a pesar de haberlas usado tantos años en los menesteres del campo. Sus gestos son medidos aunque a veces se exprese con un histrionismo calculado. Su vocabulario es amplio o mejor dicho variado. Es distinto el que emplea para comunicarse con los indios del que estampa en su correspondencia con Guido o Anchorena: es distinto el lenguaje familiar al lenguaje protocolar o el que emplea para discutir con los diplomáticos extranjeros.

De vez en cuando alguna mala palabra o una expresión grosera. Cuenta el historiador Manuel Gálvez en su libro ya citado que habiendo concurrido a una tertulia, evento social que no solía frecuentar, una niña de la sociedad porteña amenizaba la reunión entonando al parecer con dulce voz una canción de la época. Rosas inclinándose hacia un contertulio que estaba a su lado le preguntó “¿A qué manada pertenece esta yeguita que relincha tan lindo”? [2].

Siguiendo un esquema psicologista, la personalidad cuenta con tres esferas: la intelectual, la volitiva y la afectiva.

La facultad dominante en Rosas es la volitiva, particularmente la voluntad, el carácter, el tesón: su voluntad es indoblegable y dominante. Es de una tenacidad descomunal y su fuerza es pura potencialidad. No hay objetivo que se proponga que no lo logre a largo o corto plazo. Sabe esperar y no se precipita. Rosas nació para mandar. Ese carácter dominante lo heredó de su madre.  

Su sobrino Lucio V. Mansilla, hijo del general y futuro escritor cuenta que cuando volvió de París trajeado a la moda europea y visto por toda la gente al cruzar la Plaza de la Victoria camino de regreso a su casa, su madre, Agustina Rosas, hermana del Restaurador, le recomendó ir a saludar a su tío pero con otro traje. Después de recibirlo cariñosamente su prima Manuelita fue a buscar a su padre. Rosas tardó bastante y cuando llegó a la habitación donde esperaba Lucio el tío lo abrazó pero le espetó “Me imagino que no viniste agringado” (le habrían pasado el dato de la vestimenta) y mirándolo inquisitorialmente le dijo, “estás muy flaco ¿no te dieron de comer en las Europas?” e inmediatamente sin consultarlo ordenó “Manuelita un plato de arroz con leche para Lucio” y después de haberlo comido, Rosas ordenó otro plato de arroz con leche y así sucesivamente mientras simultáneamente le leía el Mensaje que días después Rosas iba a leer en la Legislatura. Y así siguieron, plato tras plato: cuenta Mansilla “yo comía maquinalmente, obedecía a una fuerza superior a mi voluntad…la lectura continuaba yo ya tenía la cabeza como un bombo…mientras que mi cinturón también se seguía estirando. [3]

Rosas posee una inteligencia natural; analiza una cuestión con precisión minuciosa: es detallista al exceso. Aborda un tema y lo agota en profundidad sin matices: no tiene semitonos: o es bueno o es malo, blanco o negro, celeste o colorado, unitario o federal. Es esquemático y maniqueo. En su inteligencia lo que sobresale o lo que más se presenta es el sentido común, un sólido pedestre y abrumador sentido común, como se desprende de estos hechos. Hacia 1831, primer gobierno de Rosas, lo pasó mucho tiempo en la campaña norte bonaerense: se hacía necesario enviar recursos y armas a López y Quiroga para combatir a la liga militar unitaria de Paz, ayudar a las localidades desvastadas por las incursiones de Lavalle y parlamentar con los indios.  En esa circunstancia recibió una carta del Ministro de Guerra don Marcos Balcarce protestando porque los indios habían robado la hacienda de sus estancias. Rosas le contesta que hace lo que puede y que de Buenos Aires no ha recibido “recursos para tapar el hambre de una multitud de huéspedes que han pasado la cordillera[4] y en otra carta de nuevo a Balcarce le manifiesta que no hay que matarlos a los indios sino “que era necesario matarles el hambre[5]                            

Rosas ha cursado los estudios primarios en el establecimiento de Francisco Javier de Argerich. Su adolescencia y juventud fueron modelados por el trabajo. Cuando los jóvenes de su edad concurren a estudios superiores o frecuentan el café de Marcos discurriendo sobre política o filosofía o en las tertulias en las que la música, la poesía y las polleras amplias y perfumadas de las niñas penetraban por primera vez en los sentidos y los corazones de los jóvenes de la ciudad, Juan Manuel tuvo como pedagogía a la naturaleza y como maestras a las escarchas amanecidas del invierno, a los calores y secas brutales del estío y los vientos huracanados del sur. Si a este magisterio le agregamos el ejercicio cotidiano en la conducción de una peonada compuesta por gauchos chúcaros e indios levantiscos a los que disciplinó a través del trabajo rudo de todos los días, podemos barruntar los perfiles temperamentales de su personalidad. Efectivamente, su universidad fue el trabajo y la naturaleza: de ellos indujo sus propios razonamientos que combinó con su carácter, herencia de madre.

En cuanto a la esfera afectiva, la que guarda los sentimientos, el placer, el cariño, la tristeza, Rosas también los registró. No fue frío ni indiferente a los más tiernos sentidos del alma como algunos unitarios lo pintaron. Expresó su amor filial, fue fiel y amante esposo, cultivó su amor paternal y de viudo tuvo una amante.


DOÑA AGUSTINA TERESA LÓPEZ DE OSORNIO

La madre doña Agustina Teresa López de Osornio, hija de Clemente López de Osornio y Manuela Rubio y Gámiz, heredó de su padre don Clemente no solamente la estancia sino sus cualidades psicológicas y morales. Doña Agustina fue de carácter fuerte, posesiva y lista para la acción y el predominio. Era caritativa pero severa e inflexible en sus decisiones. En la estancia de su padre, en el rincón de López, cuando se lo permitía su naturaleza siempre henchida de fecundidad (tuvo 20 hijos) “mandaba parar rodeo, ordenaba los apartes, contaba la hacienda, montaba y a galope tendido inspeccionaba las manadas y rebaños[6].

De su carácter habla la siguiente anécdota contada por su nieto Lucio V. Mansilla. “Eran los tiempos en que Lavalle derrocó a Dorrego y éste se dirigió hacia Cañuelas buscando el apoyo de Rosas. En Buenos Aires el nuevo gobierno ordenó la requisa de todos los caballos que se encontraran en las casas de la ciudad. Los milicos policías llegaron a la casa de los Rozas atendiéndolos doña Agustina que les contestó que ella no tenía opinión política pero que siendo las bestias para combatir a su hijo no podía facilitarlas. Los policías volvieron pero no los atendió. Por tercera vez, hablando por la ventana con el comisario le dijo que si quería echar abajo las puertas que lo hiciera. Las órdenes eran perentorias y así lo hicieron: fueron a las caballerizas y doña Agustina les dijo, “ahí los tienen”: los caballos habían sido degollados y les expresó “mande Ud. sacar eso, yo pagaré la multa por tener inmundicias en mi casa: yo no lo haré”.

No es extraño que entre la madre y el hijo hayan tenido algunos entredichos. Efectivamente se sabe que terminada la escuela primaria, Juan Manuel fue ubicado por su madre como dependiente de una de las tiendas más importantes de Buenos Aires. No era un trabajo desdoroso: la tienda era el centro de reunión de las clases pudientes de la ciudad, en donde se alternaba con lo más granado de la sociedad porteña y se establecían relaciones sociales de todo tipo, desde una simple amistad hasta una relación sentimental más profunda, desde el encuentro fortuito hasta el vínculo político buscado. El dependiente de tienda ya estaba involucrado necesariamente en la alta clase social. Ocurrió que el dueño de la tienda le ordenó al adolescente Juan Manuel que lavara los pisos, orden que no cumplió retirándose de la tienda.

Doña Agustina lo reprendió y le ordenó volver a la tienda pero su hijo se negó y la madre lo encerró en una pieza por su desobediencia.

Juan Manuel se sacó la ropa, forzó la cerradura y dejó una nota que decía “dejo todo lo que no es mío” y firmaba Juan Manuel Rosas, dejando también la “z” reemplazada por la “s”. Se llegó hasta las casas de sus primos los Anchorena a quienes les pidió ropa y trabajo.

Ya reconciliado con los padres, don León Ortiz de Rozas, advirtiendo el carácter y la vocación por el campo que demostraba su hijo, lo autorizó a administrar la estancia de la familia (ya había sido muerto por los indios don Clemente y su hijo en un malón). Juan Manuel apenas tenía entre 17 y 18 años y ya empezaba a cargarse de responsabilidades grandes y peligrosas y a vivir fuera de su casa paterna. No obstante las visitas que hace a su hogar, escribe cartas a su madre “Mucho tiempo hace que no llevo a mis labios la mano de la que me dio el ser y esto amarga mi vida, le pido la bendición[7].

Rosas decide contraer matrimonio en 1813, con Encarnación Ezcurra y Arguibel: el tenía 20 años, ella 18. Agustina se opone al casorio, lo considera a su hijo aún muy jóven. Conociéndola a su madre, Juan Manuel instrumenta una treta. Le hizo escribir una carta a Encarnación en la que ella sugiere estar embarazada. Juan Manuel dejó la carta engañosamente en su mesa sabiendo que su madre la leería. Efectivamente doña Agustina leyó la carta y para evitar el escándalo social consiguiente, accedió al casamiento de su hijo.

Todo ese temperamento posesivo e imperioso, doña Agustina se lo transmitirá a su hijo.


ENCARNACIÓN EZCURRA Y ARGUIBEL       

Rosas como cónyuge fue fiel esposo de Encarnación. No hubiera encontrado en todo el mundo una compañera como su esposa, que completara con tanta eficacia su personalidad.

Doña Encarnación fue una mujer de armas llevar, mujer también de acción y de alto voltaje temperamental. No era bella, pero sus rasgos faciales eran armoniosos. Su cabello era castaño y recogido en forma de rodete. Su hablar era expresivo, a veces tumultuoso. Medio hombruna en su aspecto con momentos de exaltación y apasionamiento.

Su personalidad se muestra en todo su vigor en los acontecimientos del año 1833. Rosas está en el sur y ella le comunica por carta los vaivenes de la política despotricando siempre contra los federales cismáticos. El gobierno de Balcarce apoyaba a los cismáticos por lo que Encarnación le hizo la guerra. En carta a Rosas le dice “las masas están cada día más dispuestas a trabajar de firme veremos que hacen los figurones[8] y ante la proximidad de las elecciones en las que se presentan dos listas, la de los apostólicos y la de los cismáticos, Encarnación le comunica a Rosas “no la hemos de perder, pues en caso de debilidad de los nuestros en algunas parroquias se armará bochinche y se los llevará al diablo a los cismáticos. Lo mismo me peleo con los cismáticos que con los apostólicos débiles pues los que me gustan son los de hacha y tiza[9].

Así sobreviene la revolución de los restauradores con la consiguiente caída de Balcarce. Encarnación ha sido protagonista contribuyendo decididamente a esta revolución. Tal fue el carácter de la esposa de Juan Manuel que fallece en 1838 a los 43 años afectada por una enfermedad mortal, quizás cáncer en la zona ginecológica.


MANUELITA ROSAS

Es en este momento que aparece como protagonista Manuelita; tenía 21 años y era la antítesis de su madre. Nació el 24 de mayo de 1817 y fue bautizada con el nombre de Manuela Robustiana. Fue el hada buena que le faltaba a Rosas. Su estatura es la media, 1.70, 1.72 mts que es buena estatura para una mujer. Cabeza proporcionada al cuerpo con un magnífico cabello castaño que cuidaba con esmero y coquetería; ojos y nariz pequeños. No fue una belleza como sus tías Agustina o Mercedes Rosas pero repasando las memorias de sus contemporáneos, la ven atractiva, de bonito cuerpo, cintura leve y flexible y por sobre todas las cosas se la ve como una figura esbelta que con sus movimientos transmite gracia y voluptuosidad. A la muerte de su madre, Manuelita comenzó a desempeñar las comisiones oficiales de representación que le indicaba su padre.

Rosas le encargó incluso el cuidado de los papeles públicos y hasta los secretos de los problemas políticos de estado y ejecutaba muchas de las acciones sugeridas por su padre.

Originó sentimientos amorosos en más de un diplomático importante que cayeron rendidos ante su gracia femenina. Tal el caso de Lord Howden, embajador inglés que junto con el francés Walesky vinieron a negociar el fracaso que experimentaron en la guerra del Paraná.

En una oportunidad Manuelita invitó a Lord Howden a una excursión a caballo desde Palermo hasta Santos Lugares. En el trayecto el inglés se le declaró pero Manuelita le  manifestó que su corazón ya tenía dueño pero que a él lo consideraría con el afecto que se siente a un hermano. El inglés a los pocos días de ese año 1847 ordenó unilateralmente levantar el bloqueo de los buques ingleses ante el estupor desagradable del conde Walesky. El embajador Southern que firmó el tratado de paz en 1848, alzándose la Confederación con otro triunfo diplomático, también se dijo que cortejó a Manuelita.

La “niña”, como le decía Rosas, tenía un salón en lo que es hoy estimativamente Bolívar y Moreno en el que se hacían tertulias sociales en donde Manuelita demostraba su inalterable amabilidad y gracia femenina. La rodeaban muchas niñas como Josefa Gómez, Juanita Sosa, Dolores Merced, Sofía Frank, Telésfora Sánchez, Petronila Villegas, Marica Mariño y otras amigas que con los mozos de su edad bailaban despreocupadamente mientras gustaban algún bocadito.

Una noche, el 25 de mayo de 1841, Manuelita recibió de manos del edecán del almirante francés Dupotet, una caja con una carta escrita por el cónsul de Portugal con sede en Montevideo en la que le decía que la caja portaba un diploma y una medalla de la Sociedad de Anticuarios de Copenhague como obsequio a Rosas. La niña dejó la caja en una mesa en el centro de la sala y al otro día se la llevó a su padre quien le pidió que la abriera. Manuelita se la llevó a su dormitorio acompañada por una amiga, Telésfora Sánchez. Dejemos que el hecho lo cuente la misma protagonista. “la llevé a mi dormitorio y sentada en una silla al lado de la ventana, llamé a una jóven amiga mía, Telésfora Sánchez, que entonces me acompañaba, para que me ayudase a descocer los forros…Puse a un lado los forros y papeles, y al abrir la caja con la llave, saltó la tapa de un modo tan violento haciendo tan fuerte ruido que Telésfora y yo dimos un grito…Telésfora me dijo: Manuelita: fíjate, parecen cañones los tubos que la forman…Esa misma mañana la llevé a mi padre, y él, al mirar la máquina comprendió la terrible realidad. Guardó silencio un momento, y después mostrándosela al primer escribiente de la secretaría, don Pedro R. Rodríguez, le dijo: “es ésta una máquina infernal enviada por mis enemigos para matarme, pero Dios es justo. Vaya Vd inmediatamente a llamar al señor Ministro Arana”. No tardó en llegar dicho señor, quien quedó doblemente aterrado al saber si hubiera sido yo la víctima de tan espantosa trama. Tanto mi padre como él me abrazaron y besaron tiernamente, felicitándome por la protección que el Todopoderoso me había dispensado, y al decirme mi padre: “hija mía, demos fervientes gracias al Divino Ser que con tanta bondad nos ha salvado con su suprema protección”, mi llanto, sin desprenderme de sus brazos, no le permitió continuar…”                  [10].

Como lo explica Manuelita, la caja estaba dispuesta para que al abrirse los cañoncitos ubicados en un círculo hicieran fuego. La suerte quiso que la máquina, ya sea por humedad o por algún desperfecto no funcionó.

Después del atentado se desató el torrente de felicitaciones y alabanzas a Manuelita. Hubo manifestaciones y fiestas en las parroquias. Pero el hecho suscitó otra iniciativa: se empezó a pensar en la sucesión de Rosas por si éste falleciera víctima de otro atentado o por razones naturales y los más encumbrados hombres del Partido Federal señalaron a Manuelita como sucesora de su padre. La iniciativa fue comunicada a Rosas por carta de José María Rojas y Patrón.

Rosas rechazó el petitorio por improcedente e inapropiado de la idea.

Manuelita siguió siendo el hada buena que dulcificó aquellos años tormentosos de la política.

Ya en el exilio y liberada de las responsabilidades a la que estaba sujeta en Palermo esperó a su novio Máximo Terrero que dejó su patria y su familia y fue al encuentro de su amada; Manuelita contrajo matrimonio en octubre de 1852, ya tenía 35 años. “¡Petronita! –dice Manuelita el 26 de noviembre de 1852 en carta a su amiga- El 23 del pasado octubre recibimos en la iglesia católica de este pueblo la santa bendición nupcial que nuestros amantes corazones han esperado tantos años. Tu, que conoces a mi Máximo, puedes tener la certidumbre de que me hará completamente feliz. Las bondades y la ventura de pertenecerle me han hecho olvidar ya los malos momentos y todas las contrariedades que he sufrido en mi vida. Abrázame muy fuerte, amiga mía, y gózate en la felicidad de tu amiga”.[11]

La pareja se instaló en Londres, mientras, su padre arrendó o alquiló una especie de granja en Southampton de 148 acres, unas 100 Hs que Rosas la trabajó personalmente. Manuelita con su familia lo visitaban en las fiestas tradicionales, en los cumpleaños, en las vacaciones de sus hijos y en las pascuas. En carta a Josefa Gómez le comenta “Te aseguro que los días que paso a su lado pasan como por encanto, no tan sólo por lo que me encanta estar cerca de él y verlo tan entretenido con los nietos, sino como me gusta tanto el campo, sus ranchos son para mí un palacio”.[12]           

En marzo de 1877, recibe noticias preocupantes de la salud de su padre. Se dispone ir a Southampton en donde encuentra a Rosas ya moribundo. Padre e hija intercambian algunas palabras cariñosas y Rosas fallece a dos días de la llegada de su hija.

Manuelita siguió con su vida en Londres rodeada de Máximo Terrero y sus dos hijos Manuel Máximo, y Rodrigo a los que dedicó su vida aunque siempre añoró su vida en Buenos Aires, lo demuestra su copiosa correspondencia a sus amigas porteñas: más de cuarenta cartas a Josefa Gómez, nueve cartas o quizás más a Petrona Villegas, otras tantas a otras. A su padre que lo visitaba con su marido e hijos también le escribía desde Londres: se han detectado por lo menos siete cartas escritas a su padre. Jamás en boca de Manuelita se escuchó una palabra de resentimiento o reproche para con él. Por el contrario siempre fueron expresiones de cariño y admiración. Lo sobrevivió 21 años. Falleció en 1898, tenía 81 años.


EUGENIA CASTRO

En este recorrido sentimental hubo otra mujer en la vida de Rosas, una mujer que durante más de diez años compartió la vida del rubio dictador en sus años de viudez: se llamó Eugenia Castro.

El comandante Juan Gregorio Castro, poco antes de su muerte nombró a Rosas tutor de sus dos hijos Eugenia y Vicente. Eugenia llegó a la casa de Rosas (actual calle Moreno y Bolívar) ya declarada la enfermedad de Encarnación que fallece como ya recordamos el 19 de octubre de 1838.

Hacia 1840 Rosas se va a ir trasladando paulatinamente al caserón de Palermo cuya construcción ya estaba en sus finales. Se muda con su familia, los empleados de su secretaría, sus edecanes y ordenanzas, peones y personal de servicio y con ellos Eugenia Castro.

Los pocos que se han ocupado del tema la describen como una muchachita de “criollos encantos[13]una de esas chinitas calladas que parece que no rompen un plato[14] de ojos negros vivaces y coqueteadores. Cuando entró al servicio de Rosas y antes que falleciaera Encarnación en 1838 a quien cuidó solícitamente, ya venía embarazada dando a luz ese mismo año a su primera hija Mercedes que llevó el apellido Costa “porque fue engendrada por Sotero Costa Arguibel[15], un sobrino de Encarnación Ezcurra. Algunos historiadores se han equivocado al adjudicarle a Rosas esta primera paternidad. Poco tiempo después de fallecida Encarnación, Eugenia empezó a endulzar la viudez de Rosas con quien tuvo varios hijos; la primera fue Angela, la preferida de Rosas a la que llamaba “soldadito”. El censo de 1855[16] consigna la edad de Eugenia en 35 años y la de Angelita 14 años por lo que se deduce que Eugenia contaba entre 19 o 20 años cuando inició sus relaciones con Rosas, habiendo nacido su primera hija con Rosas en 1841. Luego vinieron cinco hijos más, Nicanora, Emilio o Armilio, Justina, Joaquín y Adrián este último que nace según dicho censo en 1852. El 3 de febrero de 1852 en Caseros, Rosas es derrocado y enseguida se embarca en el Conflict. No hemos realizado la investigación sobre el día y el mes de nacimiento de Adrián para confirmar o desechar la paternidad de Rosas, de este hijo de Eugenia que enseguida formó pareja con  otro hombre con quien engendró dos hijos más.

Ya en Southampton don Juan Manuel recibe cartas de Eugenia, el 4 de diciembre de 1852, el 13 de marzo de 1853, el 7 de marzo de 1853, el 7 de mayo de 1854 y el 6 de febrero de 1855, incluso cuando ya vivía con otro hombre.

Rosas le contesta el 5 de junio de 1855. Se excusa por no haber escrito antes. Le notifica que en la escribanía conocida por Nepomuceno Terrero están las escrituras de la casa y el terreno que le corresponden. Le comenta sus apremios económicos, le reitera su llamado para venir a vivir con él en Inglaterra junto con “tus hijos”, “si cuando quise traerte conmigo”, según te lo propuse con tanto interés en dos muy expresivas y tiernas cartas hubieras venido no habrías sido tan desgraciada”. Como se advierte, Rosas le ha escrito en varias oportunidades antes de 1855. Se agradece “el envío como obsequio de los escapularios de Nuestra Señora de las Mercedes que me enviaste”. Le pide que le mande el apero que quedó en la casa después de algún otro comentario se despide: “Adiós querida Eugenia. Memorias a Juanita Sosa si es que aún sigue soltera. Te bendigo como a tus queridos hijos. Bendigo también a Antuca (Mercedes) y te deseo todo bien como tu afectísimo paisano. Juan Manuel de Rosas”.

Como se aprecia en la despedida, bendice a sus hijos y aparte, separadamente, a Antuca, seudónimo de Mercedes, la primera hija de Eugenia, porque no es hija suya.

Seguirá la correspondencia con Eugenia y Angelita, “La soldadito”, su preferida, con intercambio de presentes, pañuelitos, alguna que otra libranza por parte de Rosas.[17]  La última carta de Rosas está fechada en 1870. En su testamento redactado en 1862 que consta de 24 cláusulas; la 12, la 13, 14 y 15 están referidas a Eugenia haciendo alusión a su casa y un terreno, regalado por Rosas, que le corresponden cuyas escrituras según el texto del testamento ya habrían sido entregadas por Nepomuceno Terrero. También se le adjudica una cierta cantidad de dinero cuando le sean devueltos a Rosas los bienes confiscados según la esperanzada cláusula Nº 12.


UNA INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA


Hacia 1928, el 28 de enero, el diario “Crítica” de Natalio Botana publicó un reportaje extenso a Nicanora Rosas de Galíndez, que dijo tener 82 años, pero por el censo de 1855 ya tendría 84 años, por otra parte, en el reportaje ella misma manifiesta haber nacido en 1844, la única hija sobreviviente de Rosas y Eugenia localizada por un periodista en una casita de la localidad de Glew (antes perteneciente al distrito de Lomas de Zamora) en donde vivía con una de sus hijas. El reportaje publicado en el diario “Crítica” llegó a la redacción de “Todo es Historia” por gentileza del Profesor Juan Palazzolo y publicado nuevamente en dicha revista [18] con un título que dice entonces “La Mujer” y un subtítulo “Los recuerdos de una hija de Rosas”.

La anciana le relata al periodista lo que recuerda de su niñez viviendo en la casona de Palermo, las relaciones de su madre Eugenia con Rosas, algunos caracteres de la personalidad de su padre al que denomina “el viejo”, las actividades de Manuelita, los regalos a los pobres y su noviazgo con Máximo Terrero, pero especialmente el comportamiento del “viejo” para con sus hijos tenidos con Eugenia. El periodista de “Crítica” entre otras cosas le preguntó “Y a ustedes ¿los quería Rosas?” la anciana le contestó “Era loco por los chiquillos. Vivía rodeado de sus hijos…” El periodista insiste “por ahí se dice que era tirano hasta con los chicos” – “¡Mentira!” Replicó la anciana “A nosotros nos salvaba de ir muchas veces a la escuela. Nos daba lecciones el capellán de Palermo. No nos gustaban y sin embargo mi madre nos mandaba ¡Salgan de aquí demonios! ¡vayan a la escuela!” “Entonces íbamos a ver al viejo y le decíamos, hoy no queremos ir a la escuela”. “Bueno. Vuélvanse. Concedía con alegría. Hoy es el día de San Vacanuto decía Rosas”- “¿Y qué santo es ese? inquirió el periodista a Nicanora, “El Santo de la Rabona debía ser y nos poníamos a jugar todos juntos”. Rosas se refería jocosamente a las vacaciones (San Vacanuto) y así la anciana Nicanora Rosas fue desgrananado sus recuerdos de la infancia en la casona de Palermo como la etapa más feliz de su vida.

¿Tuvo Rosas otros amores carnales además de Encarnación y Eugenia? Sus largas temporadas en el campo – Encarnación lo acompañaba en primavera y verano volviendo a la ciudad en temporada invernal – y más de veinte años en los que tuvo todo el poder político en sus manos, pareciera probable que haya tenido otras oportunidades. Pero es totalmente indemostrable. Ni siquiera sus enemigos políticos tan recurrentes a las habladurías y chimentos y tan sensibles a las irregularidades que pudiere cometer Rosas, detectaron los amores clandestinos que tuvo con Eugenia. Todo parece convenir que Encarnación y Eugenia fueron sus únicos amores carnales. En esta materia debemos admitir que fue extremadamente sobrio. Resulta aún más cuando lo comparamos con un Urquiza que tuvo un centenar de hijos o con un Fructuoso Rivera que no perdonó a ningún rancho en la Banda Oriental, ganándose el sobrenombre que Rosas le endilgó “el padrejón Rivera” por lo de padrillo, y años después los cuantiosos amores de un Roca y otros personajes encumbrados de la política.

La gran pasión de Rosas sin lugar a dudas fue el mando, el poder, finalmente la política que lo absorbió en cuerpo y alma por lo que tenemos que desechar ante la luz de los hechos y más aún ante la documentación cuantiosa que se conoce la existencia de alguna otra relación erótica.


MANUELITA ASISTE A ROSAS              

En el año 1876, Rosas le escribió a Manuelita informándole de algo que para el viejo exilado habrá sido desgarrador. “Triste siento decirte que las vacas ya no están en este Farm. Dios sabe lo que dispone y el placer que sentía al verlas en el field, llamarme, irme a mi carruaje a recibir alguna ración cariñosa por mis manos, y al enviar a ustedes la manteca. Las he vendido por veintisiete libras y si más hubiera esperado, menos hubieran ofrecido…[19].

El hombre que en su patria tuvo rodeos de miles de cabezas de ganado, vendía sus últimas tres vacas para poder sobrevivir en el exilio por veintisiete libras.

Seguramente de esas libras salieran las requeridas para su sepelio.

Efectivamente meses después, en marzo de 1877, al finalizar una jornada fría de trabajo en el campo Rosas contrajo pulmonía que derivó en neumonía.

En la tarde del 12 de marzo de 1877. Manuelita fue llamada con urgencia por un telegrama del médico de su tatita. Dr. Wibling. Llegó a la granja antes de la medianoche.

El 13 Rosas permaneció estable pero al otro día muy temprano se descompuso definitivamente. Manuelita en carta a su esposo le informó “Salté de la cama y cuando llegué a él lo besé tantas veces como tu sabes lo hacía siempre y al besarle la mano la sentí ya fría. Le pregunté ¿cómo te va tatita? Su contestación fue mirándome con la mayor ternura”. No sé niña, no es nada…”.

Así se clausuraba la historia de Juan Manuel de Rosas. Su hija en la misma carta a Máximo Terrero concluyó “Así, tú vez, Máximo mío, que sus últimas palabras y miradas fueron para mí, para su hija…”.[20]

Leonardo Castellani allá por 1960 versificó.

Sintiese en una ventolera de la pampa infinita
Hollando en un potro la gramilla helada
Oyó como una voz de lejos “Como anda tatita”
Y se oyó a sí mismo muy lejos: “Niña no es nada”. [21]




BIBLIOGRAFÍA:


GÁLVEZ, Manuel: “Vida de Juan Manuel de Rosas” Edit. Tor, 5ª edic, 1950.

SULÉ, Jorge Oscar: “Rosas y sus relaciones con los indios”. Colección Estrella Federal. Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Bs. As. 2003.

BONURA, Lina y Elena: “El sentido común en el poder”. Edic. propia. Bs. As. 1986.

IBARGUREN, Carlos: “Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo”. Edit. Frontispicio. Bs. As. 1959.

IBARGUREN, Carlos: “Manuelita Rosas”. Edit. Carlos y Roberto Nalé. 1953.

BROSSARD. A de: “Rosas visto por un diplomático inglés”. Hist. Argentina de José María Rosa. T IV.

LYNCH, John: “Juan Manuel de Rosas” EMECÉ  Bs. As 1984.

ROTJER, Aníbal A.: “Rosas prócer argentino” Teoría 1992.

DARWIN, Carlos: “Diario de un naturalista alrededor del mundo”. Traducción de Juan Mateos. Edit. Calpe. Madrid 1921.

CÁRDENAS, Felipe (h): “Las tres mujeres de Juan Manuel”. “Todo es historia”. Mayo 1967.

LOJO, María Rosa: “La Princesa federal”. Edit. Planeta Bs. As. 2000

CENSO DE 1855. Proporcionado por gentileza de la Sra. Verónica Galletti.

CALZADA, Rafael: “Cincuenta años en América”. Citado por Felipe Cárdenas (h).

TODO ES HISTORIA. “La mujer”. Los recuerdos de una hija de Rosas. Reproducción de un reportaje hecho por un periodista a Nicanora Rosa de Galíndez publicado en “Crítica” el 28 de enero de 1828.

CHÁVEZ, Fermín: Proemio a “Instrucciones a los capataces de estancia” de Juan Manuel de Rosas. Edit. Teoría.

ROSA, José María: “Historia Argentina” TOMO IV. Edit. Oriente. Bs. As. 1969.

O´ DONNELL, Mario: “Juan Manuel de Rosas: el maldito de nuestra historia oficial”. Edic. Planeta. Bs. As. 2001.

PICCINALI, Héctor: “San Martín y Rosas”. Colección Estrella Federal 1998.

MANSILLA, Lucio V. “Rozas”. Edit. Garnier Hermanos. París 1898.          





     
                                                        


[1] GÁLVEZ, Manuel: “Vida de Juan Manuel de Rosas”. Edit. Tor 5ª edic, 1950.
[2] GÁLVEZ, Manuel: Op. Cit.
[3] MANSILLA, Lucio: “Rozas” Ed. Garnier Hermanos. París. 1898. 
[4] SULÉ, Jorge “Rosas y sus relaciones con los indios”. Colección Estrella Federal 2003. Inst. Hist. Juan Manuel de Rosas 
[5] BONURA, Lina y Elena “El sentido común en el poder”, editado por Inst. Bibliográfico Zinny s.f.
[6] IBARGUREN, Carlos:  “Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo” Edit. Frontispicio 1959.
[7] IBARGUREN,  Carlos: Op. cit
[8] ROSA, José María: “Historia Argentina” T IV. Edit. Oriente 1964.
[9]  Ibidem.
[10] IBARGUREN, Carlos: “Manuelita Rosas”, pág 45. Edit. Carlos y Roberto Nalé. 1953.  
[11] Ibidem. Pág 54.
[12] IBARGUREN, Carlos: Op. cit.  Pág 62.  
[13] CÁRDENAS, Felipe (h): “Las tres mujeres de Juan Manuel”. “Todo es Historia”, mayo de 1967. 
[14] LOJO, María Rosa: “La Princesa Federal”.
[15] Ibidem
[16] Censo de 1855 proporcionado por gentileza de la Sra. Verónica Galletti.
[17] CALZADA, Rafael “Cincuenta años en América”, citado por Felipe Cárdenas (h) en “Todo es Historia” mayo 1967.  El Dr. Rafael Calzada inició juicio a Manuela Rosas de Terrero en 1886 por petición de herencia. En esa demanda están las cartas de Rosas a Eugenia para demostrar el vínculo. La demanda fue desestimada por razones de jurisdicción.  
[18] Copia de dicho reportaje obra en mi biblioteca obsequiado por el historiador Fermín Chávez. Lamentablemente la copia obsequiada no registra el número o mes de la Revista “Todo es Historia” que lo reprodujo.
[19] CHÁVEZ, Fermín. Proemio a “Instrucciones a los capataces de estancias” de Juan Manuel de Rosas. Edit. Theoría. 1999. 
[20] IBARGUREN, Carlos: Op. Cit.
[21] CHÁVEZ, Fermín: Op. Cit.